Hacia una Tributación Justa: Fortalecer Empresas, No Castigar el Crecimiento


En la actualidad, una de las tensiones sociales más notorias a nivel global es la enorme desigualdad entre quienes poseen vastas fortunas y aquellos que apenas logran cubrir sus necesidades básicas. Esta situación no sólo genera frustración y desconfianza en las instituciones, sino que también erosiona la estabilidad social y política de los países. Frente a este problema, es urgente proponer mecanismos fiscales que no castiguen el crecimiento económico, pero sí desincentiven la acumulación ociosa de capital individual.


Una solución viable y justa consiste en reconfigurar la forma en que los impuestos gravan las utilidades generadas por las empresas. En lugar de aplicar impuestos progresivos directamente a las empresas por el solo hecho de ser exitosas, el enfoque debe centrarse en los individuos que retiran recursos monetarios personales a partir de esas utilidades.

Es importante aclarar que una empresa en funcionamiento ya paga diversos impuestos: el impuesto al valor agregado (IVA) en sus operaciones, las retenciones del impuesto sobre la renta a sus empleados, las cuotas de seguridad social y otras obligaciones fiscales. Estos recursos ya aportan a la estructura del Estado para financiar salud, educación y servicios públicos. Sin embargo, lo que desequilibra el sistema es que, una vez generadas las utilidades, los socios o accionistas pueden retirar dividendos de forma periódica sin un marco tributario que les exija una mayor responsabilidad en función de lo que retiran.

La propuesta consiste en establecer impuestos progresivos únicamente cuando los socios o accionistas deciden retirar dividendos de la empresa. No se trata de obstaculizar el crecimiento económico ni de penalizar la generación de riqueza, sino de responsabilizar a quienes extraen beneficios personales del capital productivo. Si un socio decide no retirar dividendos, sino reinvertirlos en la empresa, estos fondos simplemente se convierten en capital contable a su favor, fortaleciendo a la organización. De esta manera, las empresas crecen en fortaleza financiera, se vuelven más resilientes frente a crisis económicas y desastres naturales, y pueden sostener empleos y procesos productivos a largo plazo.

En este sistema, los impuestos personales sobre dividendos deben calcularse según dos criterios principales: la frecuencia con la que un individuo retira dividendos y la cantidad total retirada en un periodo determinado. Por ejemplo, un accionista que retire dividendos mensualmente podría pagar una tasa más alta que otro que lo haga una vez al año. De igual modo, aquellos que acumulen grandes montos en retiros personales deberían contribuir con un porcentaje mayor. Este esquema desincentiva el consumo excesivo y la acumulación ociosa de capital líquido, y al mismo tiempo promueve la reinversión productiva.

Un modelo así no prohíbe la acumulación de riqueza, pero transforma su lógica: quien gana mucho tiene derecho a disfrutar de su éxito, pero debe contribuir más cuando convierte esos beneficios en consumo personal o en capital improductivo. Así, la riqueza no se congela en cuentas bancarias, fuera del alcance de la economía real, sino que circula en forma de inversión, infraestructura, innovación o salarios.

El impacto positivo sobre la sociedad sería profundo. Si los individuos que más recursos obtienen contribuyen de manera proporcional cuando extraen riqueza del sistema productivo, los gobiernos podrán contar con mayores ingresos fiscales sin necesidad de crear nuevos impuestos. Con esos recursos, se pueden financiar políticas públicas robustas: sistemas de salud universales y eficientes, educación pública de calidad, programas de seguridad social integrales, y espacios de esparcimiento verde y comunitario que eleven la calidad de vida de toda la población.

El objetivo de esta propuesta no es igualar a todos por la fuerza, sino crear un sistema donde la generación de riqueza esté alineada con el bien común. Se trata de construir una economía moderna donde el mérito sea recompensado, pero donde también exista una conciencia de responsabilidad social entre quienes más ganan. En lugar de castigar a las empresas por crecer, fortalecemos sus cimientos al incentivar la reinversión. Y en lugar de permitir que los beneficios se extraigan sin consecuencias fiscales, se crea un mecanismo justo de redistribución.

En un mundo donde las desigualdades son cada vez más visibles y menos toleradas, necesitamos políticas que conecten crecimiento con justicia. Una tributación justa sobre los dividendos personales puede ser el punto de partida para una economía más equitativa, dinámica y cohesionada.

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